«Millones de gotas»: Marcando la diferencia para los refugiados ucranianos

Nota de la redacción: Al igual que muchos rotarios, el fiduciario de La Fundación Rotaria Per Høyen, socio del Club Rotario de Aarup (Dinamarca), deseaba responder a la crisis humanitaria en Ucrania. A través de la red de Rotary, él y su esposa se enteraron de que un refugiado ucraniano de 17 años, Artem Ziablov, se encontraba en Alemania. En esta entrada del blog, la primera de dos partes, Høyen comparte su decisión de acoger a Artem en su casa. 

Per Høyen  

Al igual que la mayor parte del mundo, sentimos inquietud al recibir las noticias sobre la concentración de militares rusos en la frontera con Ucrania. Como director de Rotary, visité dicho país hace seis años con motivo de la fundación de un club y tengo amigos rotarios allí. Saber que mis amigos estaban en peligro fue terrible. El día de la invasión fue muy duro para nosotros y lloramos al ver las imágenes de lo que estaba ocurriendo. Nos preguntamos: «¿quién puede hacer esto a niños pequeños?». 

Empecé a comunicarme a diario con mis amigos rotarios del Club Rotario de Lviv International, y por ellos supe que el club contaba con dos socios daneses, lo que facilitó aún más la comunicación. Ellos me mantenían informado de lo que hacían, y un día, uno de ellos, Lars, me llamó para decirme que un joven ucraniano en Alemania necesitaba un lugar para quedarse. Él me preguntó si mi club podría encontrarle alojamiento en algún sitio. 

Antes de eso, mi esposa y yo habíamos hablado de lo que podríamos hacer para ayudar, incluso nos sentimos un poco impotentes. Cuando recibimos la llamada de Lars, dijimos que sí. Sin duda, le daríamos un hogar. Acoger a Artem nos permitió hacer algo tangible. 

Fuimos a recogerlo a Alemania. Antes habíamos ido a una tienda de la ciudad a la que habíamos informado de que venía este joven y que no sabíamos cuánta ropa traía. El dueño fue muy amable y dejó que Artem eligiera dos de todo: dos pantalones, dos calzoncillos, etc., y no tuvimos que pagar nada. 

Para nosotros fue una experiencia reveladora. Cuando estás en tu propio entorno, tienes una forma de ver las cosas, pero si ocurre algo así, cambia tu perspectiva del mundo. 

Hemos conversado mucho con Artem. Por el camino hemos aprendido mucho de él, sobre nuestras diferencias culturales, la historia de su país y los antecedentes de las relaciones entre la Unión Soviética y Ucrania, cosas de las que antes no sabíamos mucho. 

También me estoy dando cuenta de que todos mis años en Rotary y como líder sénior me han preparado para estar más capacitado y deseoso de ayudar ante esta situación. Rotary nos enseña que debemos ser flexibles y acomodarnos a las diferentes culturas, y que debemos hacer lo que podamos por las personas que no tienen las mismas oportunidades que nosotros. No estoy seguro de que hubiera tenido esa misma visión si no hubiera sido por Rotary. 

Todos estamos aportando nuestro granito de arena. Es solo una gota de agua en el océano, pero millones de gotas pueden marcar la diferencia.  La respuesta que hemos visto en Dinamarca, y en toda Europa en realidad, ha sido tremenda. Todos entendemos que los ucranianos necesitan un lugar donde haya paz. Nadie querría ser expulsado de su país. Cuando veo lo que los rotarios están haciendo en todo el mundo para apoyar a Ucrania, me siento orgulloso de ser rotario.

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